La inflamación aguda es buena: es como tu cuerpo repara una herida o combate una infección. La inflamación crónica de bajo grado es diferente: es silenciosa, constante y desgasta poco a poco.
Señales posibles
Cansancio persistente.
Dolor articular o muscular.
Molestias digestivas.
Problemas de piel.
Niebla mental.
Dificultad para bajar de peso.
Causas comunes
Sedentarismo y exceso de grasa abdominal.
Dieta alta en ultraprocesados y azúcar.
Estrés crónico y mal sueño.
Tabaco y alcohol.
Intestino permeable y endotoxemia.
Sensibilidades alimentarias que mantienen al sistema inmune activado.
¿Cómo se mide?
En sangre se usan marcadores como la proteína C reactiva ultrasensible. En el intestino, marcadores como zonulina, ocludina y LPS dan pistas sobre el origen.
Alimentación que ayuda
Vegetales de colores, frutas, leguminosas.
Pescados grasos, aceite de oliva, aguacate, nueces.
Especias como cúrcuma y jengibre.
Menos ultraprocesados, azúcar y alcohol.
Retirar temporalmente los alimentos a los que reaccionas.
Preguntas frecuentes
¿La inflamación crónica se ve en un estudio normal? No siempre; por eso se usan marcadores específicos.
¿Una dieta antiinflamatoria basta? Ayuda mucho, pero si hay detonantes individuales, conviene identificarlos.
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